Quieta la bita porque estoy de vacaciones. Llegué a Santiago a encontrarme con Marce, estuve una semana larga, crucé la cordillera con Dániel, estuvimos en la hermosa Mendoza y ahora camino por la inmensa Buenos Aires.
¿Quién putas es Dante?, pensó Julia al escuchar la explicación del extraño a su lado. Ni loca me voy con el maricón de la túnica. También pensaba que si ya estaba al otro lado del túnel entonces para que el preámbulo. Que la llevaran derecho al Infierno. Igual, no será muy diferente.
La primera suposición resultó incorrecta. La segunda, desafortunadamente, también. Benjamín dejó de morder el marcador rojo para tachar ambas líneas. Lo puso al lado derecho de la hoja amarilla y se recostó contra el espaldar de su silla. La juntura de la pata chirrió por lo bajo mientras sus piernas se acomodaban largas bajo el escritorio.
Hay trabajos que por su naturaleza pasan desapercibidos. Quienes los desempeñan acaso reciben un gracias emocionado o una invitación a comer. Dinero, nunca. Lo sé porque estuve envuelto en varios durante mi época amarilla. Imaginen, yo de ese color cuando soy una persona azul. Verde hubiera sido razonable, rojo algo extraño pero manejable
Publicado originalmente en Noticias de un espía en el bar como parte de un ejercicio donde Daniel L. Serrano (dueño de casa) escribió el comienzo y los demás propusimos finales alternativos.
Vaya, parecía que iba a ser un día tranquilo, pero hubo tantos clientes que se pasó el día vendiendo neumáticos. Sin embargo no era normal lo que estaba ocurriendo justo ahora que se iba a casa. Sólo había apagado las luces cuando entró aquel tipo alto con gabardina y sombrero como si de un circo de empleados de oficina de funcionarios hubiera salido. Lo curioso es que tenía una pierna humana en su mano derecha. Nunca antes había entrado un cliente con una pierna humana en su mano derecha.
No he estado de ánimo para sentarme a tirar lápiz y tinta para seguir con la saga de Champiñongo: Blues. Sin embargo, no pienso abandonarlo y mientras termino más páginas los dejo con un experimento para futuras entregas. Ustedes dirán.
Sí, se que se ve como Sin City. Es intencional. Digamos que es un, este, homenaje.
La técnica del suck my dick no estaba funcionando. El tipo ese seguía mirando la mesa de la sala de juntas, sentado con las piernas abiertas, un brazo en el espaldar del asiento y el otro sobre su rodilla izquierda. Impávido. Quién putas se cree ese man, pensó Jorge Arizabaleta. Llevaba más de tres horas negociando con el monito de ojos azules.
La época es propicia para suicidarse, dicen los que saben. Muchos estarán de acuerdo y rematarán con un silencioso “no es para menos”. Los demás con sonrisas cortadas a través de sus caras, brincando y bailando sin mucho pe(n)sar, celebrando el fin de un año regular y el inicio de uno mejor. Algunos intuyen que no será así, pero el alcohol, la pólvora, la música, la alegría, el color y la comida los convencerán de que se puede estar mejor. Los que callados se encierran en sí mismos mientras pasa la marea navideña, saben que el próximo año, como mucho, puede ser igual al anterior. También saben que eso sería demasiado optimista de su parte.