buscando un exterminador; las abejas y avispas ya están fuera de control, hace 2 días

El hombre de la casa

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Y bueno, ya van dos meses desde que estoy instalado en Santiago, dos meses de convivencia con Marce, dos meses felices y dos meses de hacer labores caseras. Esto último es algo que muchos todavía dudan con humor. No es para menos. Es que del hotel mamá donde el almuercito estaba siempre listo, la ropa planchadita y la casa limpia pasé a compartir la cocinada, la aspirada, la lavada y la planchada.Al principio mi natural tendencia al menor esfuerzo —me atrevo a decir que alcanza el nivel de ley natural— hacía que agarrara la aspiradora con algo de reticencia. La lavada no tenía tanto lío porque incluso en Colombia había hecho mis pinitos al respecto, fruto de la vanidad y el cuidado por mi ropa. Con la cocina tampoco hubo problema porque me gusta cocinar, sintiéndome como Merlín (escojan ustedes su versión favorita) mezclando pociones para sentirnos mejor. Así que el problema se centraba en la limpieza: aspirar, pasar el trapo, quitar la grasa de los fogones, lavar platos, ordenar, limpiar la alfombra y otras tantas que pueden imaginar.

Poco a poco adquirí el gusto por esas cosas y la prueba de fuego fue el trasteo. Nos fuimos del primer departamento porque era muy pequeño. Tuvimos que empacar, dejar impecable el lugar, dejar impecable el nuevo lugar, desempacar y volver a limpiar porque la desempacada enmugra. De rodillas en la alfombra, pedí perdón a los dioses mientras secaba la espuma consistente del limpiador que Marcela y Elda dejaban tras ellas.

Eso si, limpiar no es lo único. También está revisar facturas, pagarlas, hacer vueltas en el consulado, hacer presupuestos, cuidar la plata, mandar arreglar el portátil, hablar con los conserjes para que nos pongan la calefacción, discutir con los porteros del viejo edificio porque no salen de su cajita mental, en fin, cosas de adulto como les dicen por ahí. Al día a día de empresario en KeyVolution3 le agradezco el poder manejar todo eso. No hay persona más díficil y cerrada que cierto tipo de clientes tozudos y sus debería. Menos mal la mayoría no es así.
Así que puedo anunciar que me siento establecido. Falta camino por recorrer, obviamente, pero la “Introducción a la Vida en Santiago” ha terminado. Vienen las lecciones avanzadas y me alegra no estar solo. Marce ha sido una compañía y un apoyo inmenso. Besos y aplausos para ella, por favor.
Las gracias también para los amigos, nuevos y viejos, que me han apoyado desde el corazón y con sinceridad. Sentir que están ahí ayuda bastante. Saber que yo todavía estoy ahí, ayuda más. Dense un abrazo, carajo.

Finalmente, cierro los agradecimientos con uno muy especial a quien me ayuda a quitar la grasa más rebelde, a limpiar al tiro el mesón de la cocina, a quitar manchas difíciles. Ese tipo fuerte, marido que todas quieren, el hombre de la casa, nuestro querido Mr. Músculo.

El hombre de la casa


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